Hoy en día las reglas de nuestra sociedad nos inducen al estrés, produciéndose una sintomatología que normalmente se va acumulando por no poder liberar la tensión. Esto se traduce en síntomas fisiológicos, aunque los factores sean psicológicos.
Entre las causas más comunes encontramos el estrés debido a la ansiedad, el estrés ambiental, el estrés por trabajo, estrés por fatiga. Múltiples factores pueden desarrollar una patología de estrés, la alimentación, el tipo de vida social, la familia, problemas personales, soledad,.... La personalidad de cada individuo y su forma de enfrentarse a la vida tiene mucho que decir en este tipo de patologías.
El organismo responde de manera estereotipada, automática y refleja, desencadenando un ataque o una huida para protegerse de un peligro, real o no. Esto produce unos cambios fisiológicos en nuestro organismo, descarga de adrenalina, aumento de la frecuencia respiratoria, sequedad bucal, aumento de la frecuencia cardiaca, sudor, aumento de la tensión muscular, dilatación de las pupilas...
El
estrés debilita el sistema inmunológico, aumenta el riesgo de enfermedades cardiacas, alteraciones del sueño, cambios en nuestro estado de ánimo, afecta a nuestras relaciones interpersonales, genera insatisfacción y, si no se le pone remedio, puede producir cambios severos a largo tiempo como son la fatiga, depresión, colapso nervioso y agotamiento.
En muchos balnearios nos encontramos con
tratamientos antiestrés, que van a constar de distintas técnicas, entre las cuales nombramos el peeling corporal, baño relax, chorro, masaje neurosedante con aromaterapia, ejercicios de relajación, baño equilibrante, envolvimiento de algas, masaje antiestrés facial, reflexología podal, aplicaciones de fango local, etc.... Todas estas técnicas están orientadas a producir un estado de relajación del paciente y eliminación de las sustancias toxicas que produce el acumulo de estrés diario.