La
Epoca Romana se caracteriza por la existencia de termas publicas en casi todas las grandes ciudades, instaladas en extraordinarias construcciones arquitectónicas. Al igual que su Imperio, la cultura termal fue extendiéndose por toda Europa, llegando hasta Galicia, lugar en el que los romanos encontraron un paraíso termal.
Haciendo referencia a alguno de los escritores más importantes de la época, nos encontramos con
Plinio. En su libro 'Historia Natural' hace referencia a manantiales ferruginosos, describiendo su sabor y sus características curativas.
Vitrubio dividió las fuentes en sulfurosas, aluminosas, saladas y bituminosas. También sostenía que todas las fuentes de agua caliente tenían virtudes medicinales otorgadas por la tierra, que calentaba el agua cocinando los minerales y dándole una nueva fuerza distinta a la normal.
Las técnicas hidroterápicas eran similares a las griegas, buscando el equilibrio del cuerpo que estaba alterado causando la enfermedad, Las aplicaciones más comunes eran para dolores reumáticos, aguas que curaban los ojos o que limpiaban las vísceras.